Viajar después del Covid-19

Vienen cambios. Siempre han ido viniendo. Lo que hace falta ver ahora es el alcance que estos van a tener, las previsiones de futuro que podemos hacer con los datos que contamos y las posibilidades que tenemos a la hora de planificar nuestros siguientes viajes.

Si sois como nosotros, viajeros compulsivos, estaréis pensando ya en como os vais a mover en los próximos meses y cómo va a afectar la pandemia al futuro de los viajes. Por lo pronto, nosotros los viajeros nos hemos visto forzados a un parón en nuestras actividades habituales, también los hoteles, restaurantes, tour operadores, aerolíneas y en general toda la actividad económica relacionada con el turismo han visto reducida su actividad a mínimos jamás vistos o directamente a cero.

Esto genera una demanda a la espera de que la situación se normalice que se va acumulando y que se suma a las necesidades económicas de todo este tipo de negocio. Este hecho les va a forzar a competir con prisas por captar toda esa demanda a la que, en algún momento, se dará entrada en el mercado de una vez como quien da el pistoletazo de salida o destapa una botella de cava. Pero ¿Cómo va a resolverse a corto y medio plazo esta situación? ¿Cómo van a afectar en esto las medidas de seguridad, la gestión del miedo colectivo y las consecuentes restricciones en los desplazamientos?

¿Cuándo podremos viajar?

De momento hay restricciones en la mayoría de países para los desplazamientos internos. En España sigue vigente el estado de alarma decretado por el gobierno y el confinamiento ordenado a la ampara de éste. A finales de abril de 2020, acabamos de enterarnos de la propuesta sobre el plan de confinamiento de la población que se espera que se alargue hasta finales de junio. Todo sugiere que esas medidas restrictivas sobre la movilidad interna, al menos en España y Europa, se irán relajando progresivamente durante algunos meses, pero esto no significa necesariamente que las restricciones a los cruces fronterizos, fronteras terrestres y controles de pasaportes en los aeropuertos de los diferentes estados, se relajen inmediatamente en todas partes por igual. Países como Croacia o Chipre han anunciado ya que en algunos lugares apartados se abrirán instalaciones a turistas extranjeros dependiendo de cómo se haya dado la situación en el país de origen del viajero. Previsiblemente, no será lo mismo pretender viajar desde España o Italia que desde países nórdicos que han mantenido tasas de infección bajas.  


La respuesta por tanto sería que dependerá de a dónde queramos viajar y desde dónde. Pese a las recomendaciones de la OMS, sean cuáles sean, la competencia para imponer restricciones de inmigración por cuestiones de salud u otras corresponde a los Estados. Cada Estado puede imponer las que considere oportunas atendiendo a relaciones de reciprocidad, tratados internacionales o simplemente de manera unilateral. Es conveniente recordar aquí que desgraciadamente la crisis y el miedo que ésta ha producido en la población ha ayudado a justificar políticas de regresión nacionalista en cuanto al movimiento transfronterizo de personas, en países cuyas políticas ya iban en esta línea pero que la pandemia ha ayudado a acelerar dando cobertura moral. Hungría es un buen ejemplo de ello. En tales casos parte de las restricciones previsiblemente permanecerán en el tiempo más allá de la amenaza sanitaria, puesto que eran deseadas con anterioridad por los gobiernos que las implementan. En este sentido el mejor de los consejos es estar al día de las restricciones de los países de origen y destino a través de los portales web de los diferentes ministerios de exteriores o turismo, que mantienen tal información actualizada. En el caso de la Unión Europea un dibujo bastante preciso de la situación presente de las fronteras y sus actuales restricciones lo podemos hallar aquí.

¿Saldrá más caro volar?

Cuando los que tenemos una cierta edad éramos niños viajar era sinónimo de aventuras en coche o tren. Más tarde nos abrieron el cielo a todos, antes intocable por precios, y empezamos a hacer el mundo pequeño a base de acostumbrarnos a cruzarlo de punta a punta en pocas horas. Venía siendo habitual desayunar en Marrakech, Ámsterdam o Kiev para plantarse después en el trabajo en Barcelona después de comer. Sobre si esto se va a mantener como era, a nuestro entender hay que atender a varios factores clave. El coste del petróleo, las restricciones en inmigración pero, sobre todo, qué tipo de cliente garantizará la viabilidad de las aerolíneas.

Algunas compañías aéreas internacionales han presentado ya los resultados del primer trimestre y su previsión para el segundo. Delta, por ejemplo, presentó hace pocos días una caída de 607 millones de dólares en ingresos en el primer trimestre y una previsión de pérdidas del 90% de los ingresos para este segundo. Varios gobiernos han planteado ayudas públicas de varios miles de millones de euros para las compañías bandera de sus respectivos países, hablamos de Air France, KLM y otras bien conocidas. Este hecho garantiza la viabilidad a corto plazo de tales compañías pero no alivia la incerteza a medio plazo del sector en cuanto a la posible bajada de la demanda en las reservas de billetes. El precio del petróleo bajará pero muchas compañías low-cost no ven viable operar dependiendo de cuáles sean las medidas de prevención que les impongan los diferentes gobiernos, además de que alguna de ellas plantea que las ayudas estatales al sector va en la línea de la competencia desleal. Ryanair anunció al gobierno irlandés que no volaría con los asientos del medio vacíos a no ser que el propio gobierno asumiera el coste de los mismos.

Esto nos lleva a plantearnos la respuesta a la pregunta en función del tipo de la futura demanda y quien se hará con ella, si las compañías bandera en exclusiva o habrá parte del pastel para la viabilidad de las low-cost. El viajero de empresa por motivos laborales acostumbra a llenar los asientos de primera clase en compañías bandera, que son los más lucrativos para las mismas. Viajar va a conllevar a corto plazo lidiar con restricciones y riesgos que las empresas pueden no estar dispuestas a asumir. Ryanair y Wizzair han anunciado la inminente restitución del funcionamiento de la ruta Barcelona – Budapest, pero al llegar a destino el viajero deberá someterse a un test que puede conllevar largas cuarentenas obligatorias incluso dando negativo en la prueba final en un hospital. Es por ello, que las empresas previsiblemente reducirán los desplazamientos por motivos laborales y muchas de ellas seguramente se acostumbraran al método de las videoconferencias ahorrando considerables costes.

Si las empresas reducen el número de viajeros, el sector dependerá en gran medida del turismo y ello da mucho peso a las low-cost en su rol de competidores. Esta competencia tiende a bajar los precios hecho por el que a medio término la presumible subida del precio en los billetes debería normalizarse o revertirse al entorno de tal competencia por captar al turista habitual o viajero compulsivo como nosotros y de la bajada (temporal) del precio del carburante.

Recordemos que la irrupción en el mercado de las compañías low cost obligó hace algo más de una década a moderar los precios de las compañías bandera, que incluso entraron a competir creando sus propias filiales low-cost o adquiriendo otras compañías como fue el caso de la efímera ClickAir de Iberia y la adquisición después para substituir a la anterior de Vueling. Por mucho que nos quejemos de las condiciones y comodidad de las low-cost, la mayoría de viajeros habituales sabemos que no hay demasiada diferencia entre lo que pueden ofrecer en el mismo trayecto las compañías bandera y lo que ofrecen las compañías low-cost. Todas vuelan a destino. Y en el caso de las low-cost ayudaron (por interés propio, es cierto) a democratizar el acceso al cielo, además de tirar del carro para simplificar muchos de los trámites. Recordad cuando el viajero medio protestaba por que Ryainair cobraba por imprimir la tarjeta de embarque en casa y ahora nadie quiere hacer la cola del check-in por ello o cuando la gente se quejaba de que la maleta de mano en la bodega tenía un coste y ahora esa misma gente se esconde en las colas de embarque para evitar que se la embarquen gratis en bodega, para no tener que esperar en destino a que se la desembarquen.

Resumiendo, la respuesta, a nuestro juicio previsible, es que a corto plazo se intentará una subida de precios para mitigar las pérdidas económicas de tales compañías pero que la oferta y la demanda devolverán la situación a la casilla de salida en un periodo de tiempo relativamente corto, si no quiebran las compañías low-cost por el camino y con ellas la industria que se ha creado a su amparo, coches de alquiler low-cost, multitud de hostels y un largo etcétera.  

¿Qué es lo que viene para quedarse?

Tenemos experiencias pasadas que nos ayudan a comprender como funcionan estas cosas. La historia es extremadamente útil para entender el presente y adelantar el futuro. Responderemos rápido a esta cuestión y explicaremos después las razones de tal afirmación con un ejemplo.

La oferta y la demanda, como hemos explicado en la sección anterior, regularán, como siempre en este sistema capitalista, cuál será la situación del mercado. Pero, ¿qué pasará con las restricciones? ¿ Estarán ligadas a la alerta sanitaria o el descubrimiento de una vacuna?

No hay duda de que cuanto menor sea la percepción de riesgo de las autoridades y especialmente de los usuarios, menores serán las restricciones que se impondrán. Ahora bien, tengamos en cuenta que parte de las restricciones que se establecen en períodos excepcionales no se revierten cuando cesa la amenaza excepcional.

Recordemos como ejemplo la prohibición de pasar los controles del aeropuerto con líquidos. Provino de una investigación que descubrió un complot terrorista para atacar con un explosivo líquido. Tal escenario estaba vinculado a los ataques de Al Qaeda en todo el mundo. Si bien es cierto que se pueden evitar algunos riesgos a este respecto, también es cierto que hay muchas otras formas de causar daños a bordo que no se pueden prever. Del mismo modo, en algunos aeropuertos, es más fácil pasar líquido para lentes de contacto que en otros. Aún más, en todos los aeropuertos podemos ingresar a la aeronave con los líquidos comprados en las tiendas del aeropuerto. Todos nosotros hemos pasado líquidos de mayor volumen de lo permitido y nos hemos dado cuenta más tarde al abrir la mochila. Personalmente, he llegado a pasar una navaja de casi un palmo de largo que compré en Camboya para pelar fruta o un bote de kilo de salsa de tomate adquirida en un camping italiano. Si bien existen razones detrás de las restricciones, podríamos preguntarnos por qué no se implementan métodos más efectivos para detectar explosivos para evitar errores en el controlador humano. La respuesta parece simple, porque es más económico y, sobre todo, más lucrativo obligar al usuario a comprar los líquidos necesarios después de pasar el control de seguridad, a precios más altos, en tiendas que en tales condiciones tienen un número de competidores muy limitado.

Por esta razón, nos aventuramos a predecir que aquellas restricciones que no tendrán un coste adicional para quienes deban imponerlas, y especialmente aquellas que generen un negocio y una industria asociada, se volverán permanentes. Al igual que ahora hay un mercado de productos líquidos de menos de 100 ml, una industria de máscaras (debidamente homologadas, como los chalecos que debemos llevar con nosotros en nuestros automóviles que solo pueden ser de determinadas marcas en concreto) u otros productos podrían convertirse obligatorios. Aún más si lo establecido como productos obligatorios para viajar están asociados con la prevención de infecciones y solo pueden adquirirse una vez pasados los controles de seguridad para garantizar su esterilidad. Inmediatamente aparecerá una nueva industria con muy pocos competidores, ya sea si el viajero tiene que comprarlos en las tiendas o si tales productos serán provistos por las compañías aéreas que aumentaran consecuentemente el coste del vuelo de alguna manera. Como pueden ver los negocios también se ocupan de nuestra salud.

¿Cuáles son las alternativas? Una perspectiva de futuro a corto plazo.

A corto plazo se prevé un escenario de vuelta al romanticismo. Es muy posible que los viajeros opten este verano y hasta el final del 2020 por no complicarse en controles de virus sin síntomas que te pueden dejar varado durante todo el viaje que se pretendía hacer y más allá, habiendo de asumir consecuencias en la vida laboral y personal.

Es más que razonable pensar que los viajes a corto plazo miraran al interior, serán introspectivos y de redescubrimiento de lugares conocidos o como mínimo cercanos. Turismo de proximidad al que accederemos como en los viejos tiempos en vehículo privado o transporte público. En España, la prensa digital han comenzado a abogar por el turismo nacional como una solución casi patriótica para un país tan dependiente del turismo extranjero que no llegará este año. Por su parte, el sector hotelero anticipa que aquellos establecimientos que se puedan adaptar mejor para ofrecer medidas preventivas a los clientes inspirarán más confianza y obtendrán más reservas.

Por lo tanto, este verano será un buen momento para buscar en la proximidad un plan que nos motive. Posiblemente no haya otra opción, incluso para aquellos como nosotros que somos fanáticos de destinos lejanos y perdidos. Es hora de volver a los años 80, a esos viajes de época con sabor a aventura mientras dejamos que el viento nos golpee en la cara a través de la ventana bajo el sol del verano.

3 Replies to “Viajar después del Covid-19”

  1. Excelente análisis, con reflexiones agudas no exentas de crítica. Solo añadiría un factor, más subjetivo y difícil de acotar, pero no por ello menos importante: el miedo. Más allá de las restricciones y trabas de todo tipo, e incluso más allá del impacto del aumento brutal del paro y la recesión en ciernes, lo que puede obstaculizar la recuperación del turismo, en especial el de media y larga distancia, es el temor al virus (y a las consecuencias de un eventual confinamiento en un país y una cultura lejanas). Y ya se sabe que, una vez desatado, el miedo es libre y apenas atiende a razones. Sirva de ejemplo el impacto de algunos atentados en países como Túnez o Turquía: pese a no ser más frecuentes que los que hemos padecido en Europa, han ahuyentado el turismo occidental de una manera brutal. Por ello, me temo que no podremos hablar de recuperación hasta que no exista una vacuna, o cuando menos un tratamiento médico eficaz.
    Nos queda, pues, el turismo de proximidad. A corto plazo y tal vez incluso a medio. Nos guste o no, deberemos hacer de la necesidad virtud y volver a visitar lugares cercanos, tal vez ya conocidos.
    Una oportunidad para reeducar la mirada, para visitar menos sitios pero mejor, para fijarnos más en los detalles, para valorar cada rincón, para relajarnos y gozar de lo simple: un paisaje, una puesta de sol… y, claro está, de un buen vino, un plato sencillo pero bien cocinado y una grata compañía. A veces, menos es más.

    Lluís Soler

  2. Interesantísimo análisis del asunto, Daniel! Sin duda, el futuro es incierto. Y si alguna vez creímos conocerlo, fue un espejismo (manipulado una vez más). Ha llegado el momento del carpe diem para nuestra generación. Y esa pemisa se proyectará en todos los ámbitos de nuestro pequeño mundo.

  3. Los viajes en vehículo propio a más de románticos son sinónimo también de libertad e improvisación desde principio a fin. Para unos seran una alternativa, para otros ya es nuestra forma de viajar. Creo que todos deseamos poder viajar pronto, el modo, seguro que es lo de menos.

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